lunes, 30 de septiembre de 2013

Vikingos (Hetalia- DenIce)

Vikings
El sonido de sus pequeños pies sonando contra la nieve era lo único que le acompañaba mientras corría alrededor de la casa buscando al danés. Todo estaba cubierto por la nieve y la poca ropa que llevaba encima no era suficiente para protegerle del frío, Noruega le había pedido que se quedara en su habitación mientras trabajaba, pero el había desobedecido, ir en contra de lo que decía el noruego no era algo que el pequeño Islandia hiciese a menudo, pero en esta ocasión su hermano no había podido satisfacer sus demandas y el único que podía hacerlo era Dinamarca.

-¡Den! - su vocecilla apenas llego con suficiente claridad a los oídos del mayor entre el estruendo de los troncos siendo cortados. Cuando estuvo a su lado agarró su capa tirando de ella- ¡Den!

-¿Hum? - se giró curioso descubriendo al pequeño enganchado en su ropa. Estaba en la parte posterior de la casa cortando algunos troncos que Suecia acababa de traer, eran suficientes para alimentar el fuego durante toda la semana, aunque aún habría que dejarlos secar pues la nieve había hinchado la madera - ¿Que quieres enano?

Hacía mucho que Dinamarca había comenzado a llamar al menor por ese nombre, después de todo era el más pequeño de la casa y el apelativo le iba como un guante. Islandia observó durante un momento al mayor que levantaba el hacha con una facilidad increíble, definitivamente él era el único que podía ayudarle.

-Quiero ser un Vikingo- afirmó muy serio sin soltarle la capa. Según su hermano era demasiado pequeño para estar hablando de esas cosas, aunque muchos de los niños soñaran con participar en las expediciones de verano. También había probado con Suecia pero obtuvo la misma respuesta.

La petición del crío le tomó completamente por sorpresa, no era raro ver a los niños interesados en el tema, pero Islandia nunca había demostrado ningún tipo de interés en las armas, algo que al danés siempre había molestado. Detuvo un momento su actividad y miró fijamente al niño que con esos grandes ojos violeta le suplicaba ayuda. Ignorando el evidente chantaje emocional Mathias cogió un nuevo tronco y lo colocó en el tocón que usaba para cortar la leña.

-Tu eres muy pequeño para ser un vikingo Ice.

Ahí estaba de nuevo esa respuesta, exactamente la misma que Noruega y Suecia le habían dado para no enseñarle. El menor estaba completamente decepcionado, Dinamarca había sido siempre su hermano favorito a la hora de jugar y enseñarle cosas que sus otros hermanos ni le nombraban, pero en esta ocasión ni siquiera su compañero de juegos le prestó atención. Esto colocaba a Finlandia como su última esperanza y Tino estaba descartado desde el principio, seguramente lo único que le enseñara era a hacer galletas con forma de espada.

-¿Por que? -estaba cansado de esa respuesta, no le dejaban hacer nada alegando que era un niño- ¡Es es lo que mi hermano y Su dicen para no enseñarme.

-Pues porque eres un niño- le parecía la respuesta más normal del mundo. Islandia no sabía luchar, ni siquiera podía coger aún una espada de verdad- Para poder participar en una expedición tienes que ser un adulto, y como bien sabrás, por las veces que hemos ido a alguna, no serás un adulto hasta que no pases tu ceremonia de madurez. Y tu, querido cochinillo, aún eres un lechal.

-¿Eso es todo?- no le parecía algo tan difícil, entonces podía hacerlo ya- si ese es el problema solo hazlo, ¡quiero ir!

Aunque la paciencia de Dinamarca había aumentado mucho desde que Emil convivía con él aún no llegaba al punto de aguantar pacientemente todas y cada una de las explicaciones que el menor requería. ¿Como iba a explicarle a un crío que no se haría adulto al menos en otros diez o quince siglos?

-No puedes hacerla Ice, aún eres un crío y la ceremonia no se lleva a cabo hasta, al menos, los trece años y tú eres una nación, eso lo hace unos cuantos cientos de años más. ¡Tampoco has aprendido a usar una espada o un hacha! No puedes ser un vikingo sin saber luchar y mucho menos sin saber nada sobre el mar.

-¡Pero se nadar! - replico aferrándose a la idea de poder participar en la expedición- Puffin me enseño a nadar hace mucho tiempo.

Que Odín le diese paciencia porque tenía ganas de agarrar al niño de la capa y tirarle a un barco, así se curtiría y aprendería que participar en una expedición vikinga no era cosa de críos, pero si hiciese eso seguramente Noruega conseguiría lo que muchos enemigos no habían logrado antes: matarle.
-Nadar es lo de menos Ice, ¿sabes recoger las velas en medio de una tormenta? ¿o manejar las jarcias? ¡ni siquiera puedes remar!

-Tu puedes enseñarme – insistió, aprendía rápido y todo eso no debía de ser difícil, tampoco es que fuese a estar solo en el barco, había más gente.

-¿¡Cómo voy a enseñarte!? ¡si eres un canijo!

- Si no me enseñas no podré ser un vikingo, y si no me convierto en uno Noru seguirá tratándome como un crío- para Emil su razonamiento era más que lógico, ¿por qué el danés no le entendía?

-Es que ERES un niño.

-¡No lo soy!

Un silenció un tanto incomodo se instauró entre ellos. Islandia iba a seguir insistiendo y Dinamarca no pensaba ceder. Si los dioses habían echo que tuviese que convivir con ese mocoso seguro que era por algún tipo de castigo.

-Vamos a ver... - clavó el hacha en el suelo y apartó el tronco que quedaba en el tocón para sentarse el quedando frente a Islandia, se palmeó los muslos indicándole al niño que se sentara, lo cual el pequeño no tardó en acatar y escalando por sus piernas se sentó en su regazo- a ver, ¿por que quieres ser un vikingo Ice?

El menor estaba empezando a pensar que su hermano tenía toda la razón del mundo al insultar la inteligencia de Dinamarca, era obvio por qué quería ser un vikingo, pero sus hermanos parecían no entenderlo, ¿quizás habían estado demasiado tiempo en el frío y por eso no le entendían? Hubiese sido mejor esperar hasta después de la cena entonces.

-Porque mi hermano y tu siempre estáis preocupados por mi, ¡quiero demostraros que no soy un niño y me puedo cuidar solo!

-Puedes demostrárnoslo en tierra firme- no veía la necesidad de ir al mar para eso y mucho menos a una expedición, tenía la ligera impresión de que Noruega no le había contado del todo que es lo que hacía un vikingo.

-No me dejáis cuidarme en tierra firme- replicó cruzándose de brazos y poniendo un puchero- siempre estáis pendientes de mí.

-Eso es porque eres nuestro niño mimado- respondió con una sonrisa revolviéndole el pelo.

-Pero siempre os hacen tantas heridas por preocuparos por mí – Mathias alzó una ceja confuso, ¿que tenía que ver que se preocuparan por el para volver heridos de la lucha?- es lo que dice mi hermano, que os preocupáis mucho por mí y por eso os hacen daño.

-Noru siempre dice muchas cosas, pero no todas se ajustan exactamente a la realidad.

-¿Son mentiras?

-No exactamente, solo son ligeramente diferentes de como deberían ser, es como cuando dice "hoy no, que me duele la cabeza" ¡siempre le duele la cabeza! Pero el dolor depende de la persona que le pida hacer algo.

-Eso es porque trabaja mucho- respondió saliendo a la defensa de su hermano, aunque Mathias dijese que no para él era lo mismo que una mentira y si estaba llamando mentiroso a Lukas él tenía que defenderle- siempre se queda hasta tarde con la luz encendida.

-Eso es porque le gusta tocar las narices- respondió sin más- y por otras cosas que te contaré cuando seas mayor.

-¿Por qué no me lo cuentas ahora?- la curiosidad era una de las grandes cualidades de los niños y Emil era el pequeñajo más curioso que Dinamarca había conocido nunca.

-Porque se me está congelando el culo.

Después de un rato sentado en el tocón había empezado a notar el frío del mismo y por supuesto al estar quieto el frío se había identificado, no solo para él, también para el menor que estaba solo con su túnica, ¿no le habían enseñado que siempre había que salir bien abrigado? La respuesta no pareció agradar a la nación más joven que se bajó de sus rodillas haciendo un puchero.

-Seguro que luego no vas a querer contármelo- era una de las cosas que el danés siempre le decía para distraerle.

En cuanto se levantó el mayor se sacudió la capa y cogió su fiel hacha echándosela al hombro, estaba empezando a nevar y no quería que el pequeño se pusiera enfermo. Le tendió la mano con una sonrisa y enseguida una mano pequeñita se acopló. Aunque las manos del danés estaban frías no le importó, pero si se pegó lo máximo posible en busca de calor.

-¿Sabes por qué siempre me quedo más tranquilo cuando Sve y yo nos vamos al mar y tu te quedas con Noru y Fin? -preguntó empezando a caminar hacia la puerta principal de la casa. El menor nego con la cabeza mirándole con curiosidad, había perdido su oportunidad de demostrarles que ya era mayor- porque tú te quedas con ellos y aunque yo no esté para protegerles se que si están contigo tu vas a hacer todo lo posible para que no les pase nada.

-Solo lo dices para que me calle y te deje en paz – intentó sonar lo más serio que pudo, imitando a su hermano, pero era imposible, la decepción que se había acumulado por el rechazo de su petición ahora se había convertido en una gran emoción, Dinamarca confiaba en el para proteger a la familia cuando no estaba y tenía que dar la talla. Una pequeña sonrisita se formó en sus labios mientras se pegaba más al mayor.

-¿¡Qué!? ¡solo digo la verdad! - se defendió aliviado al ver la sonrisa de Emil- ¡El rey siempre dice la verdad! Y ¿quién es el rey? ¡YO! - se echó a reír, ahora también estaba muy animado- por eso no puedes ser un vikingo, si tu también te fueses al mar ¿quién iba a protegerlos? Especialmente a Noruega, el no se sabe defender solo.

-¡Yo los protegeré!- Dinamarca estaba seguro de que esa afirmación no se había oído solo dentro de la casa si no también en las granjas de alrededor por la intensidad con la que el pequeño la había dicho- ¡te lo prometo!

-¡Así me gusta! ¡Haz que me sienta orgulloso Ice!

Ante el vigoroso asentimiento del islandés Mathias solo se echó a reír con fuerza, ¿a quién quería engañar? Le encantaba ese crío. Soltó su mano agarrándole de la túnica como si cogiese a un gatito por el pellejo, una vez que le tuvo en sus brazos apartó parte de la capa para envolverle con ella, en seguida notó como el menor apoyaba la mejilla en su hombro y se agarraba a su ropa. Las primeras veces Islandia se había asustado ante esa forma tan brusca de cogerle, su hermano siempre le cogía con mucho cuidado y enseguida se le pegaba al cuerpo para que no se separara, Suecia trataba de ser lo más delicado posible al igual que Finlandia, pero el rey del norte era distinto, aunque su forma de llevarle en brazos o tratar con él fuese más brusca siempre se preocupaba de que estuviese cómodo y podía notar lo mucho que le quería.

-¿¡Quién es mi canijo favorito eh!?- preguntó frotando enérgicamente su mejilla contra la piel del menor, que en seguida se echó a reír intentando apartarse. Ya habían llegado a la puerta y en cuanto la cruzaron dejó el hacha apoyada cerca del marco.

-Un día creceré y tu serás mi canijo favorito – replico convencido abrazándose al cuello del danés.

-¿Ah si? Pues vas a tener que crecer mucho, porque yo también pienso seguir creciendo.

-¡Pues lo haré! Creceré muchísimo y serás tu quien tenga que quedarse en casa para cuidar a Noru.

-Me encantará, serán como unas vacaciones, y le cuidare muy pero que muy bien.

-Te estaré vigilando- amenazo con su voz más autoritaria posible, aunque con el tono tan agudo de su voz era imposible tomárselo en serio- y si no lo haces, ¡te lanzare a Mr. Puffin!

-¿Ah si? Pues si haces eso me lo comeré, atente a las consecuencias.

-¡Claro que no!- respondió ofendido ante la forma de infravalorar a su primer cuidador y amigo- porque Puffin también crecerá mucho y se hará muy fuerte. Es un buen padre.

Había estado con su fiel compañero desde que tenía memoria y desde el principio el animal le había aceptado y cuidado como si se tratase de su propia cría, le había alimentado cuando tenía hambre, consolado cuando estaba triste y protegido de los depredadores que amenazaban en la tierra virgen que en ese momento había sido su isla. Lukas le había explicado que era un padre mientras le enseñaba a hablar, y si Puffin no era un padre entonces no había entendido el concepto.

-Sabes que no es tu padre de verdad ¿no? Es un animal, y como tal va a acabarse muriendo- cerró la puerta tras ellos. Por un momento agradeció que el resto estuviese ocupado con sus tareas y no les estuvieran prestando atención, sabía que de haber sido así se habría ganado una buena bronca pro parte del noruego y por ende no habría podido acercarse al pequeño en varios días. Pero ¿que pretendían protegiéndole tanto? Un día Islandia se haría mayor y tendría que enfrentarse al mundo, así solo lograrían que fuese blanco fácil para las invasiones.

-¡Puffin no se va a morir!- contradijo indignado apartándose ligeramente para mirarle a la cara- lleva conmigo desde siempre y me ha cuidado como si fuese su cría, ¡es mi padre!

-Mira Ice, si no se muere el tarde o temprano le voy a matar yo, y esto es así- no es que su relación con el adorado pajarito del menor fuese buena, siempre estaban discutiendo y peleándose- El otro día me desperté con tu maldito pollo picándome los ojos.

-No le vas a matar... -estaba seguro de que esa era otra de las bromas de Den, no era tan cruel como para matar a Puffin sabiendo lo mucho que le quería- no le puedes matar.

-¿Que no puedo? Tu dame algo afilado y ya veremos.

-No puedes... - lo estaba repitiendo más para convencerse el mismo que al mayor. La cara de Mathias le dijo que hablaba en serio y eso le asustó provocando que empezara a temblar y sus ojos comenzaran a aguarse- no quiero que Puffin se muera...

Las pequeñas lágrimas en los ojos del menor fueron la voz de alarma, no es que no hablase en serio pero no quería asustarle, si empezaba a llorar entonces si que estaba perdido, no solo se encontraría con una buena bronca por parte de Lukas si no también de Berdwald y Tino.

-Bueno, ¡ya veremos! - respondió apresurado intentando evitar el inminente llanto- todo dependerá de como te portes, si te portas mal ¡me lo como!

-¡Me portaré bien! ¡pero no te lo comas! - su voz sonó como una súplica, estaba preocupado, prometía portarse bien y hacer caso a todo lo que le dijeran para proteger a Puffin.

-Entonces lo primero que tienes que hacer es dejarte de hacer pis en la cama- respondió decidido, ya que había provocado esa situación al menos tenía que sacar provecho de ella y una buena recompensa era no volver a levantarse empapado en orina de niño, ¿por qué no se meaba en la cama de Noruega? Siempre era la suya, y con el dentro.

-¡No lo haré más! - respondió decidido, pondría todo su esfuerzo en ello, no podía ser tan difícil... esperaba, aunque el no quería hacerse pis porque sí, simplemente pasaba, su hermano le había dicho que era normal pero a Dinamarca le molestaba mucho y siempre le regañaba.

El mayor sonrió triunfante ante su logro. Sin soltar al menor se desabrochó la capa con la mano libre dejándola sobre uno de los sillones, una vez liberado de la piel paso su mano por la espalda de Islandia buscando tranquilizarle, al menos para que no llorara. No es que fuese tan pequeño como para ser un bebé pero ya había comprobado que los mismos métodos que veía en las madres servían para ese pequeñajo. Por su parte Emil seguía pensando en como solucionar el problema, recordaba una vez que uno de los platos se había roto y derramaba parte del contenido, ¿el también estaría roto como el plato?

Empezó a notar como el niño empezaba a adormilarse, así que decidió darle una tregua. Se acercó a la chimenea donde se encontraba su trono, que realmente no era más que un asiento de madera y pieles que él mismo había construido, se sentó con el pequeño en brazos pasando la mano por su espalda y dándole un par de pequeños golpes en el trasero, como solía hacerse con los bebés. Islandia estaba a punto de quedarse dormido cuando sintió los golpes y enseguida se incorporó mirando con un poco de miedo al mayor.

-¿He sido malo? -preguntó con un poco de temor, las únicas veces que había sentido algo parecido era cuando se había portado mal y la única solución que su hermano había encontrado era darle un par de azotes en el culo para que no volviese a repetirlo. Pero esto era más grave, ya no solo se jugaba una regañina y unos azotes, ahora la vida de Puffin también dependía de el.

-¿Ah? - el rápido cambio en el niño y su pregunta le dejaron un poco desconcertado y necesitó un par de segundos para razonar- ¡no te estaba pegando! -exclamo divertido- ¡a veces una palmada cariñosa en el trasero es un símbolo de afecto!

-No lo entiendo- susurró volviendo a su posición acurrucado contra el cuerpo del danés. Aunque no lo entendiese estaba bien, si no había sido malo no tenía nada que temer.

-A veces también se las doy a Noru, ¿no te has fijado?- aunque él se las daba a todo el mundo, bueno menos a Sve, decía que esas cosas le ponían violento, el sueco era raro para todo.
Se dio cuenta de que su explicación no había sido escuchada cuando se percató de la pausada respiración de Islandia, se había quedado dormido. Con una sonrisa y tratando de moverse lo menos posible quitó una de las pieles de su sillón y la envolvió alrededor de ambos, asegurándose de que la cabeza del pequeño quedara bien despejada para que pudiese respirar. Se quedo observando al pequeño dormir antes de cerrar los ojos con un solo pensamiento en mente: Era un buen hermano mayor.

[Nota de aclaración: Al contrario de lo que mucha gente piensa Vikingo no era una palabra que denominase a todos los habitantes de Escandinavia, si no solo a aquellos que formaban parte de las expediciones cuyo fin era saquear el lugar al cual llegasen. ]

Epílogo

La oscuridad de la noche aún seguía siendo la protagonista a pesar de que en otras partes del mundo ya había amanecido, tenían la desventaja de contar con muy pocas horas de luz en invierno por lo tanto era raro despertarse con los primeros rayos del sol. Noruega se dirigía con una pequeña lámpara a despertar al menor de la casa, pocas veces le despertaban con ellos, siempre le concedían un poco más de tiempo para descansar.

Aunque ya no quedaba nadie dormido salvo Islandia sus pasos eran tranquilos, queriendo mimar un poco más al menor y permitiendo que se quedara entre el calor de sus mantas durante un poco más de tiempo. Su paso se hizo más rápido cuando el llanto de su hermano llegó hasta sus oídos. Lukas prácticamente había echado a correr el pequeño tramo que le faltaba, abrió la puerta de golpe encontrando al menor arrodillado en la cama y abrazado a Puffin, llorando como si no hubiese mañana.

Asustado se acerco dejando la lampara en una pequeña mesita. Noruega conocía esa intensidad de llanto y nunca implicaba nada bueno. En cuanto el menor divisó a su hermano se lanzo a sus brazos sin dejar de llorar y por supuesto sin dejar de abrazar al ave.

-¿Que ocurre?- preguntó preocupado mientras le cogía, podía notar como el camisón del menor estaba empapado, seguramente hubiese vuelto a hacerse pis en la cama, pero no creía que llorara por eso- ¿Que ha pasado Emil?

-Puffin... -contestó entre sollozos, tenía tanto miedo que no podía dejar de llorar- Puffin se va a morir...

-Tranquilo – susurró acariciándole el pelo al menor- ¿has tenido una pesadilla? - preguntó siendo respondido inmediatamente por una ferviente negación- ¿Entonces? ¿por que va a morirse Puffin?
Emil no le respondió, solo señaló al charco que había quedado reflejado en la cama, diciéndole que ahí estaba el problema. Esto desconcertó al noruego, aunque el llanto del pequeño si estaba relacionado con uno de sus "accidentes" no entendía por qué eso debía afectar a su mascota. Los otros tres adultos llegaron alertados por el llanto del niño, se asomaron por la puerta preocupados.

-Ice- con delicadeza le levanto la cabeza del niño poniéndole un dedo en el mentón- a Puffin no le va a pasar nada, solo ha sido un accidente, pronto dejarás de hacerlo. Así que no te preocupes ¿vale?

-Pero... Dinamarca me dijo... que si volvía a hacerme pis … se le comería – su hermano no entendía su preocupación, el solo intentaba consolarle pero la situación era más grave de lo que el noruego había pensado, no conocía la conversación que tuvieron el día anterior.

-Dinamarca ha dicho ¿que? - la normalmente seria expresión de Lukas cambió ligeramente, su ceño se frunció mientras giraba lentamente la cabeza hacia la puerta. Ese era el momento que más temía el danés, de nuevo la ira del noruego estaba en su contra- no hagas caso de lo que diga Ice, nadie va a comerse a Puffin.

-¿De verdad? - aflojó un poco el agarre tanto de la mano que sostenía la ropa del mayor como la que abrazaba con fuerza al ave que respiró aliviado lanzando también una mirada de odio al danés- ¿me lo prometes?

-Te lo prometo- Respondió levantándose con el menor en brazos- No le va a pasar nada a Puffin – su vista se dirigió directamente al danés- yo me encargaré de ello.

Podía notarse la tensión en el ambiente, Suecia se acercó cogiendo a Emil alegando que iban a limpiarle y cambiarle la ropa, para Dinamarca eso fue una traición, después de todo le dejaban solo a merced de la ira de Noruega.

-Noru... te lo puedo explicar, era una broma – explico retrocediendo hasta pegarse contra la pared- Noru... deja de poner esa cara me das miedo...

Finalmente no hubo escapatoria, tras unos cuantos golpes y amenazas Lukas se marcho dejándole tendido en el suelo. Se había equivocado, ese niño era un castigo, y uno de los buenos, de los que no puedes escapar.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Voz de sirena (Hetalia- DinamarcaxIslandia)

Islandia se encontraba sentado en el sillón, al calor de la chimenea pasaba lentamente las hojas de su libro ojeando las ilustraciones, en los tres días que llevaban atrapados a causa de una fuerte tormenta le había dado tiempo a leerlo al menos dos veces. Dejo caer la cabeza en el brazo del sillón, la mayoría de la luz provenía de las velas repartidas por la habitación, la nevada había cortado las luces de la zona en la que se encontraba la casa de Dinamarca así que solo podían depender de las velas para alumbrarse. Por un momento agradeció en silencio que las velas estuviesen echas de cera y no de grasa de ballena como antaño.

A pesar de la situación Dinamarca andaba de un lado a otro del lugar tarareando las canciones de la más que conocida película de Disney basada en uno de sus cuentos. Parecía que no había situación que pudiese arruinar su buen humor.

-Shalalalalala ¿que pasó? ¡El no se atrevió y no la besara! -Al pasar al lado del mueble se inclino para revolver el pelo del islandés que no tardo en apartar su mano de un golpe.

-¿Has elegido esa canción por algo en concreto o solo te tocaba en tu lista de reproducción mental?

Para alguien ajeno a la situación su pregunta sería considerada como una broma o un intento de molestarle, pero en realidad Emil no tenía ninguna intención de bromear. No hacía demasiado tiempo que habían empezado a ser más cercanos de lo que normalmente deberían serlo los hermanos. El menor había confesado hace tiempo el interés romántico que sentía por el danés y sorprendentemente no había sido rechazado, pero tampoco aceptado del todo. Podía decirse que estaban en una especie de limbo amoroso.

-¿Ah? - por supuesto sabía a que se estaba refiriendo y realmente no había pensado en eso, aún le costaba mucho acostumbrarse a la situación- era la que tocaba.

-Vale – volvió la vista al libro de nuevo, realmente no se esperaba otra respuesta, Dinamarca no era demasiado astuto para esas cosas, aunque debía admitir que el detalle habría sido bonito. Por suerte Mathias había decidido seguir con la canción como si nada.

-Shalalalalala que lástima me da...

-Por que la perderá... - susurro sin apartar la vista del libro, después de tanto tiempo él mismo se sabía todas las canciones de memoria.

-¡¡¡AJA!!! - el grito del danés podría haber provocado perfectamente una avalancha que terminase por sepultarlos del todo- ¡¡Sabía que me seguirías el rollo Ice!!

Un fuerte sonrojo apareció en su cara, de una forma u otra el mayor siempre conseguía avergonzarle. En parte había sido culpa suya el dejarse llevar tan fácilmente, el ánimo del danés era contagioso.

-¡No te lo tomes tan a pecho! - protesto intentando ocultarse detrás del libro y fallando estrepitosamente. Mathias había optado por coger el libro y apartarlo para poder ver el rojo que destacaba sobre la pálida piel del menor- ¡Lo he hecho sin pensar!

-Las cosas que se hacen sin pensar son las mejores – respondió con una sonrisa enorme, estos eran los momentos que más le gustaban con el menor- ¡por eso yo no pienso nunca!

-No hace falta que lo jures...

Tras ese momento de vergüenza pasajera Dinamarca se alejó siguiendo con su pequeño concierto, en esta ocasión Emil fue más cuidadoso siguiendo el ritmo mentalmente, no iba a ser descubierto una segunda vez. Para Mathias era película era especial, si bien contaba la historia de una forma distinta había sido un orgullo decir que algo que había llegado al corazón de tanta gente tenía su origen precisamente en su casa, por eso mismo adoraba tanto la película original como las que habían llegado después.

La emoción que le embargaba cada vez que cantaba o escuchaba esas canciones era inmensa, precisamente por eso no se reprimía al demostrar lo mucho que le gustaba, cantando e incluso bailando las canciones con una coreografía totalmente original, igual que si estuviese en un concierto. Islandia sonrió divertido al verle bailar, Dinamarca era un adulto echo y derecho, aunque no lo demostrase al mundo, por eso verle pasárselo bien de verdad era algo gratificante.

-No hay nadie más en el mundo que pueda emocionarse tanto con la sirenita como tu Den.

-¡Por supuesto! -respondió enérgicamente- eso es porque el resto del mundo es estúpido.

Se sentó correctamente cuando una idea pasó por su mente. Apartó el libro respirando hondo dejando salir las primeras palabras que componían una de las tantas canciones que tenía esa película tan adorada por el danés. Cantar en medio de una nevada prácticamente era parte de su cultura, la música era tan importante en su casa porque podía realizarse reguardados y en lugares cálidos, además podía mantener entretenido al mayor por un rato.

La voz del islandés le hizo detener su hiperactividad, cuando cantaba ese chico tenía algo que te atrapaba y no podías, ni querías, oír nada que no fuese su voz. Emil estaba cantando en su própia lengua, y aunque el pensaba que la sirenita debía cantarse en danés no se quejó, interrumpir esa voz sería un completo pecado.

La razón por la que había comenzado cantando en islandés era simplemente para cantar su atención. Esa canción, “parte de el”, tenía una segunda parte que había estado preparando durante un tiempo, oyendo innumerables veces la canción consiguió el tono que quería para interpretarla, el idioma no era un problema, el verdadero problema había sido la ocasión no se podía poner a cantar porque sí en cualquier situación y menos esa canción, que al contrario que la que había empezado a cantar Dinamarca, sí que tenía una intención.

Mathias entornó los ojos sonriendo contento, esa canción cantada precisamente por él era perfecta. Se apoyó en los cojines del sillón acabando por cerrar los ojos disfrutando completamente del maravilloso sonido que se le brindaba a sus oídos. La canción no duró mucho, pero sí lo suficiente para relajarse por completo. Una vez que la letra hubo terminado Emil relajó los músculos que habían estado en tensión pasando a acomodarse mejor en el sillón, cantar delante de alguien siempre le había dado vergüenza, pero seguiría cantando si se lo pedía.

-Me gusta cuando cantas para mi – proclamó el danés abriendo uno de sus brazos invitando al menor a acercarse- me recuerda al canto de una sirena.

-¿No has pensado que puedo ser una de verdad? -preguntó aceptando la invitación y recostándose sobre su hombro-Quizás te he tenido engañado todos estos años esperando el momento oportuno para matarte.

-Si de verdad eres una sirena... no me importaría que me ahogases en un abrazo dentro del mar siempre que siguieras cantando para mí.

Sus mejillas no tardaron en volver a teñirse de rojo, Dinamarca era tan sincero la mayoría de las veces que le tomaba completamente por sorpresa. Sonrió aún más cuando el brazo del danés le apretó en un abrazo.

-Estas tan obsesionado con las sirenas como para dejar que te maten.

-¡Por supuesto!- exclamo antes de echarse a reír- todos deberíamos tener algo que nos hiciera soñar, nuestras fantasías es lo que nos da la vida.


martes, 5 de marzo de 2013

Puedes contar conmigo (AntonioxArthur)


“Un café con sal, ganas de llorar.
Mi mundo empezando a temblar, presiento que se acerca el final.
No quiero ganar, ahora eso que mas da,
Estoy cansada ya de inventar excusas que no saben andar”


La rabia, la frustración, el dolor, todas las emociones negativas que podía sentir una persona se encontraban en su interior tras esa noticia. Desde hacia tiempo la sombra de la sospecha había estado planeando sobre ellos, por supuesto en un principio pensó que solo eran imaginaciones suyas. Aunque interiormente sabía muy bien qué era lo que estaba pasando. Durante mucho tiempo trató de olvidar los pensamientos que no hacían más que confundirle, confiaba en Arthur y no le importaba quién se interpusiera entre ellos, no iba a dejarle marchar.  A pesar de toda su confianza, de todo el amor que sentía, lo que ya había podido deducir desde hacía tiempo había terminando pasando.


Durante los años que llevaban juntos el inglés había sido el pilar central de su vida sentimental y ahora notaba como se pilar se había ido resquebrajando hasta romperse por completo, no era la primera vez que eso sucedía, pero esta había tenido un especial impacto. Los muebles y objetos de su habitación sintieron todo el impacto de su dolor, en cada una de las estanterías y rincones de la casa se encontraban los distintos regalos que Arthur le había otorgado, los regalos que una vez le causaron la mayor de las alegrías ahora eran como agujas que se clavaban en su pecho haciendo sangrar las heridas de su corazón. Aparto de su vista todos los objetos que le recordaran a el, ¡no quería verlos!


“Y solo quedarán los buenos momentos de ayer que fueron de los dos
Y hoy solo quiero creer…
Que recordaras las tardes de invierno por Madrid,
Las noches enteras sin dormir,
La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor,
Al verte esperando en mi portal sentado en el suelo sin pensar que puedes contar conmigo”


Su mente poseía miles de recuerdos con el rubio, unos mas alegres y otros más tristes pero al fin y al cabo todos ellos eran recuerdos que quería conservar. Sabía de primera mano que el tiempo acabaría por curar sus heridas pero mientras eso ocurría debía ser fuerte, el único consuelo que le quedaba en ese momento era pensar que al menos todos los recuerdos y los sentimientos que habían compartido significaran algo para el británico y que no los desechara como si fueran papeles viejos. Lo que más le había dolido de aquella situación eran las mentiras, hubiera sido todo mas fácil si no se hubiera obcecado en mentirle, la verdad hace daño, pero las mentiras a la larga dañan más.


Durante un tiempo le pareció que su propia capital estaba en su contra, había paseado tanto tiempo por las calles de su ciudad con el ingles que ahora era incapaz de andar por una de sus calles, ¡por su propia casa! Sin pensar en el. Arthur había ocupado cada uno de los rincones de su vida y ahora le estaba resultando sumamente difícil superar esa situación, se había centrado en sus obligaciones buscando mantener su mente lo suficientemente ocupada, ni siquiera cuanto tiempo había pasado desde que se separaron aunque en su caso, como en el de cualquier otro país, el tiempo era relativo.


“Nunca hubo maldad, solo ingenuidad,
Pretendiendo hacernos creer que el mundo estaba a nuestros pies.
Cuando el sueño venga a por mi en silencio voy a construir
Una vida a todo color donde vivamos juntos los dos”


Realmente ninguno de los dos quisimos hacernos daño, fueron un conjunto de situaciones. Si alguna vez Antonio había llegado a dañar al británico podía jurar por su propia vida y sus habitantes que no lo había pretendido, así mismo el español conocía el carácter de Arthur y sabía que el daño que le pudiera haber causado no era intencionado, al menos eso esperaba. Durante una de sus tantas noches en solitario había estado rememorando, cuanto más pensara más decaía su ánimo pero de vez en cuanto algún dato o cualquier pareja feliz que viese por la calle le traían a la mente los miles de planes para el futuro que ahora se quedaban guardados en un cajón.


Era más que consciente de que su relación no podía durar para siempre, al fin y al cabo ambos eran países, tenían sus propias obligaciones y por supuesto dependían demasiado de las relaciones que mantuvieran sus habitantes y dirigentes, aún así quisieron ser inocentes, se vendaron los ojos a sí mismos y crearon un futuro juntos, uno en el que no iban a separarse jamás. Que inocentes habían sido creyendo su cuento de hadas, pero aun con todo eso a Antonio le gustaba sentarse y recordar sus planes, le hacían sonreír y le hacían llorar, pero seguían siendo los planes de los dos.


“Y solo quedarán los buenos momentos de ayer que fueron de los dos
Y hoy solo quiero creer…
Que recordaras las tardes de invierno por Madrid,
Las noches enteras sin dormir,
La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor,
Al verte esperando en mi portal sentado en el suelo sin pensar que puedes contar conmigo”


El tiempo había pasado y el dolor se iba diluyendo lentamente, a pesar de que aun tenia muchos momentos en los que la tristeza se apoderaba de el estaba orgulloso por poder decir que ahora era capaz de pensar en el ingles y su nueva pareja sin desearles el peor de los finales. Por suerte no había tenido que encontrarse cara a cara con ellos pero sabia que no estaba preparado para hacerlo, era capaz de enfrentarse solo al ingles, después de todo lo había hecho a lo largo de los siglos, pero el antiguo imperio español no se veía capaz de aguantar con entereza una muestra de cariño entre Arthur y Kiku, se había mentalizado a si mismo de que en algún momento tendría que verlos, no podía estar rehuyendo las reuniones constantemente, y sin embargo aunque en su mente fuera capaz de aguantar la escena con entereza la realidad era muy distinta.


A pesar de todo entre unas reacciones y otras, mezclado con sus propios pensamientos, seguía teniendo la esperanza de que en algún momento todos los recuerdos de las cosas bellas que habían vivido juntos volvieran con fuerza a la mente del ingles y le ayudaran a calmar esta situación.


“Y no puedo evitar echarte de menos mientras das la mano a mi tiempo y te vas.
Yo siento que quiero verte y verte y pienso
Que recordaras las tardes de invierno por Madrid,
Las noches enteras sin dormir,
La vida pasaba y yo sentía que me iba a morir de amor,
Al verte esperando en mi portal sentado en el suelo sin pensar que puedes contar conmigo”


Después de un largo camino había conseguido quedarse en una posición bastante decente. Sin duda debía agradecérselo a todos aquellos que habían estado a su lado continuamente, desde Francis y Gilbert hasta los poco considerados momentos cariñosos con Lovino. El mayor crédito a su estado de animo actual lo tenía ellos, si o hubiera sido por su ayuda seguiría estancado en el mismo sitio, o peor aun habría sucumbido ante la situación. Definitivamente Antonio se sentía afortunado por tenerlos a su lado.


Mientras estaba en la cocina comiendo con el resto del Bad Trio recordó uno de los planes de convivencia que tenía con el ingles y se sorprendió a sí mismo al ver que no le apenaban, si no que le eran indiferentes, ahora mismo estaba teniendo otro proyecto de convivencia temporal con sus amigos, que se negaban a dejarle solo incluso en los momentos mas íntimos fisiológicamente hablando, así que por primera vez en meses pudo sonreír con verdadera alegría, no se merecía a la gente que tenia a su alrededor, les quería más que a nada.


“Que recordaras las tardes de invierno por Madrid,
Las noches enteras sin dormir,
La vida se pasa y yo me muero, me muero por ti”


El Sol le daba directamente en la cabeza mientras recogía sus adorados tomates, la mañana era tranquila y agradable por lo que decidió dedicarla a una de sus grandes pasiones. Tras recolectar una buena cantidad de la jugosa hortaliza regreso al interior en su casa secándose el sudor con el dorso de la mano. Nada mas entrar se giro con curiosidad hacia el teléfono que había empezado a sonar como si le hubiera estado esperando, aparto la canasta con tomates mientras contestaba con voz alegre, le sorprendió oír la voz de Arthur al otro lado pero no le dio importancia, hacia tiempo que la situación se había calmado y no verse durante un buen tiempo le había ayudado a olvidar miles de momentos dolorosos, ahora podía hablar con el con toda la calma del mundo, aunque internamente recordase los buenos momentos a su lado, ¿pero cómo no iba a hacerlo? El era el país de la pasión y no podía olvidar tan fácilmente su pasión por alguien y la que había sentido por el inglés era tremendamente fuerte, por lo que guardaría siempre un lugar en su interior. Antonio lo sabia y le gustaba saber que el recuerdo se quedaría ahí pero el mundo seguía girando y el giraría con el.

viernes, 1 de marzo de 2013

En el coliseo (Imperio Romano-Hispania)


Antes de empezar aclaro que los estudios que he realizado de la historia española me han llevado a considerar a Antonio también como Hispania,  por lo que esto es lo que aparecerá en el fic.

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En el coliseo


La sangre volaba por los aires y caía sobre la ardiente arena del recinto, los gritos se extendían por el aire, la gente aclamaba a sus favoritos esperando con ansiedad el momento en el que se alzaran victoriosos. Desde el palco imperial tenia una completa visión de todo lo que ocurría en la arena, normalmente los niños eran obligados a ponerse en la parte mas alta del coliseo junto a las mujeres por miedo a que la sed de sangre entrara por sus ojos, pero ser prácticamente el hijo del Imperio Romano tenia que tener sus ventajas.  El llamado Imperio Romano sonreía desde su asiento, no solo por el espectáculo que les era brindado a el y al resto de los ciudadanos de Roma, si no por la escena en la que uno de sus protegidos se inclinaba sobre la barandilla para tener una mejor visión del espectáculo. A diferencia del resto de sus protegidos el chico castaño, que disfrutaba tan fervientemente de los combates, era especial, por supuesto no se refería que fuera especial solo por cuestiones de afecto, si no porque sabia que llegaría lejos.


El resonar de las espadas podía oírse en todo el recinto resonando en los oídos de cada espectador, los ahogados gritos, todo ese ambiente hacia que su sangre hirviera, deseaba coger una espada y lanzarse a la arena para demostrar que el también podía ser aclamado como los hombres que estaban luchando en ese mismo momento, sin embargo sabia que hacer eso implicaría una buena bronca y su posterior castigo así que se conformo con disfrutar del calor de la tarde mientras veía la batalla en primera línea. Roma no podía negar que la pequeña nación que se encontraba disfrutando de los juegos era, sin duda alguna, el mas prometedor de todos sus protegidos, a su lado se encontraban Galia y Bretaña que intentaban mirar lo menos posible a la arena, tanto uno como el otro eran aún jóvenes y parecía que la simple idea de ver a dos hombres luchar a muerte por algo tan preciado como era la libertad les espantaba.


Tras el fin de los actos programados para ese día optaron por regresar a casa, el ala destinada a su uso dentro del palacio del emperador en Roma estaba dispuesta para que los jóvenes países  se mantuvieran cerca de su protector durante el tiempo que se encontraran dentro de la capital del imperio. No eran muchas las ocasiones que tenia para disfrutar de la compañía de sus pequeños por lo que se alegraba de mantenerlos a su lado, al menos hasta que los juegos inaugurales del nuevo anfiteatro Flavio concluyeran, serian cien días de grandes espectáculos en los que lo mas confortante para el romano seria estar rodeado de esos niños que había conseguido ganarse después de tanto esfuerzo.


Hacia a penas unos minutos que habían dado por finalizado el banquete de esa noche, Roma tenia la costumbre de pasear por los jardines, los mas pequeños habían comido antes y hacia bastante que se encontraban en sus habitaciones pero mientras el mayor caminaba por los terrenos anexos al palacio no pudo evitar desear que estuviesen con el en ese momento y poder disfrutar juntos de la agradable brisa y el paisaje del que gozaba. El sonido de movimiento tras unos arbustos le hizo ponerse alerta, sin embargo al agudizar el oído pudo percibir una respiración agitada, lo mas lógico hubiera sido ignorarlo ya que seguramente se tratase de un par de jóvenes expresando su amor entre los matorrales pero la curiosidad fue mas fuerte que el y un par de segundos después estaba acercándose con sigilo al matorral. Lo que vio allí le dejo sorprendido, Hispania se encontraba dando golpes al aire usando un palo a modo de espada, Roma sonrió observándole, a pesar de no tener experiencia en combate el chico no se movía mal, seria un buen guerrero.

-Si eso pretende ser una espada deberías sujetarla mas abajo- el pequeño castaño se giro sorprendido ante la voz que le hablaba, antes de establecerse en ese lugar se había asegurado de que no hubiera nadie alrededor-  Aunque también deberías estar con tus hermanos y no aquí solo.


La frase del adulto pudo haber sonado como un regaño si no fuera por el tono jovial que utilizo. Salio de los arbustos acercándose al menor y arrodillándose a su lado procurando que colocara las manos de forma correcta y ayudándole a dar un nuevo golpe al aire, el cual resultó ser mucho mas preciso y fuerte que los anteriores. Hispania miraba al hombre que se había convertido prácticamente en un padre para el, al principio no estaba seguro de querer pasar a estar bajo su mando, pero con el tiempo había acabado cogiéndole muchísimo cariño, no era tan malo como le habían dicho y él se divertía mucho estando a su lado.


-Pater- llamo el menor en un tono suave girando el rostro para mirar cara a cara al mayor- ¿Cuándo me enseñaras a luchar?


Los combates que ese día habían presenciado fueron suficientes para hacer que el instinto guerrero que aun no se había desarrollado en el menor saliera a la luz, lejos de resultarle extraño, a Roma esto le agradaba, sabia de sobra que el castaño no era como sus hermanos, el era muchísimo mas dado a la batalla y tendría grandes conquistas, por supuesto el Imperio Romano no pretendía caer nunca, pero si lo hacia sabia que tendría un gran sucesor y ese era el jovencito que se encontraba a su lado.


-¿A qué viene este repentino interés por el combate? - pregunto el mayor encarando una ceja. Estaba seguro de conocer la respuesta a su propia pregunta, pero quería oírla de la boca del hispano.


-Hoy en el coliseo… cuando vi lugar a los gladiadores, pensé que quería ser como ellos- no podía olvidar la fuerza que desprendían esos hombres, no era una batalla cualquiera, los dos estaban luchando por su libertad. El mismo era una nación y estaba seguro de que un día también tendría que luchar por su propia voluntad, así que debía estar preparado- Quiero aprender a luchar porque quiero ser como ellos- Sin embargo su propia supervivencia no era lo único por lo que el hispano buscaba la habilidad para luchar, sabia que muchos de esos hombres tenían familia o podían formar una si ganaban su libertad, incluso el lo había sentado en sus propias carnes durante los combates del castaño mayor, lucharía por proteger lo que le importaba- Si me hago fuerte podré proteger a los que viven en mi casa.


Que Roma se quedase sin palabras era algo que no sucedía muy a menudo, normalmente siempre tenia un as en la manga para contestar a cualquier cosa, pero eso le había tomado totalmente por sorpresa. Hispania se caracterizaba por ser el mas alegre y despreocupado de sus protegidos por lo que una confesión tan profunda fue algo que le impresionó y al mismo tiempo le llenó de orgullo, no se había equivocado si alguien era digno de llevar el legado de su imperio era ese pequeño. Podía ver la decisión en los ojos del menor, seria grande, muy grande.


Cuando la ligera brisa le dio en la cara no pudo evitar volver a abrir los ojos, miles de recuerdos estaban llegando a la mente de Antonio, ese lugar le traía tantas imágenes a la cabeza que se sentía incapaz de ponerlas en orden. Se encontraba en Roma para asistir a una reunión importante, pero ese día había conseguido librarse de la compañía y encontrar un rato para deambular por la ciudad que le traía tantísimos recuerdos que no estaban relacionados solo con su anterior protegido, si no también con el hombre que le había ayudado a ser lo que era ahora. Miró a su alrededor con una sonrisa triste adornando sus labios, se encontraba en el Coliseo Flavio, el mismo que una vez había albergado un gran numero de espectáculos, los cuales había visto con sus propios ojos, le resulto curioso que actualmente tuviera que pagar para entrar a un sitio que conocía totalmente de memoria pero había valido la pena por los recuerdos que le llegaban.


-Te dije que un día estaría en la arena pater - susurro al viento sin dejar de mirar el lugar donde un día estaba el palco imperial, conocía las esperanzas que había puesto en el y aunque las cumplió durante un tiempo no pudo evitar caer, igual que lo había hecho el Imperio Romano antes.


A pesar del tiempo que había pasado su cultura aun permanecía dentro de la suya en muchos aspectos y, aunque sus habitantes no se dieran cuenta, a pesar de las invasiones y las dificultades todos ellos eran descendientes de ese gran hombre que una vez fue considerado el mas poderoso del mundo. Sus ojos aceituna se posaron por ultima vez en las gradas y la sonrisa triste que antes portaba ahora paso a ser una totalmente sincera, habría jurado verle entre las piedras y aunque fuese una ilusión se quedaría con ese recuerdo.


-Ya has pasado mirando el mismo punto durante mucho tiempo Chéri.


El rostro del español se giro hacia la voz familiar que le hablaba, al parecer no era el único en tener la idea de pasar por allí, Arthur y Francis ahora se encontraban a su lado mirando igualmente el punto fijo entre las rocas. Ninguno de los tres olvidaría esa época, por mas que pasara el tiempo ellos mismos recordarían mucho mas de lo que contaban los libros de texto o documentos de la época, ellos habían conocido esa época en persona y en mayor o menor medida, aunque la gente olvidara sus orígenes, ellos seguían teniendo presente en su mente al gran hombre que los cuido.


Pasados unos minutos finalmente los tres se volvieron para seguir su camino, no necesitaban ver nada mas, observar durante un momento el coliseo había sido suficiente. Un par de ojos acompaño el movimiento de los tres en su trayecto hacia la salida del edificio, la sonrisa en su rostro era bien visible, Roma estaba orgulloso, ahí iban sus tres pequeños ahora convertidos en verdaderos hombres. Antes de los tres países abandonaran finalmente el edificio la antigua nación se levanto haciendo el gesto de aprobación que tantas veces había hecho su emperador en ese mismo lugar y dejando que el viento se lo llevara a los tres mientras salían por la puerta de la vida.


FIN


jueves, 7 de febrero de 2013

Venganza (DickDamian)


ATENCIÓN: Este fic tiene contenido sexual y Shota, leelo bajo tu responsabilidad.  


Tenia muy claro que esto era un problema, normalmente solo necesitaba dormir un par de horas para tener un descanso completo pero por alguna razón cada vez que le tenia cerca esas dos horas de sueño se convertían fácilmente en diez. No entendía como Grayson podía dormir tanto pero siempre que terminaban en la misma cama y los brazos del mayor le rodeaban era imposible librarse del sueño. Por supuesto día no era una excepción, a penas había tenido tiempo de abrir los ojos cuando el sonido de un móvil les despertó, se movió inquieto entre los brazos del mayor buscando apartarse de ese sonido lo máximo posible.


Por su parte Dick se encontraba en ese momento bastante desorientado no se esperaba despertar con tanta brusquedad, casi se sentó en la cama de golpe al oír el sonido del teléfono pero por supuesto un bultito entre los brazos le impidió sentarse del todo. Miro a su alrededor buscando de donde provenía el sonido y enseguida se encontró con una llamada que no esperaba tan pronto. Alargo la mano cogiendo el teléfono y contestando con voz mas dormida que despierta.


-¿Diga?- una voz femenina al otro lado del teléfono le hizo volver a tumbarse en la cama con el pequeño- Babs… ¿no es muy pronto para llamar?


El solo hecho de escuchar ese nombre hizo que el poco sueño que seguía teniendo se evaporara en un momento, arrugo el entrecejo oyendo la estúpida conversación que tenia el mayor con la pelirroja, por lo que podía entender habían acordado verse ese día temprano pero por supuesto el había sido una gran distracción para que eso no pasara. No podía decir que tuviera nada en concreto contra la pelirroja salvo una cosa: estaba demasiado cerca de Grayson.


Conocía de sobra su historia y sabia todo lo que habían vivido juntos, incluyendo su extraña relación amorosa. No había conseguido saber con exactitud si aun seguían juntos o no, pero si tenia claro que ahora él era quien estaba mas unido al primer Robin y no iba a dejar que la pelirroja paralítica le echara a un lado. Se quedo observando por un momento las reacciones y las disculpas del mayor, realmente parecía arrepentido por haberla dejado plantada.


Dick no podía creer que hubiera sido tan idiota, el día anterior se le había olvidado llamar a Babs para decirle que no podría acudir en ese momento, no eran muchas las ocasiones en las que tenia de que Damian se quedara con el, así que por un día pretendía quedarse en casa con el chico pero el día anterior paso tan rápido que no fue capaz de avisar a la pelirroja. Podía notar la mirada intensa del otro, se imaginaba que estaría del mal humor por haberse despertado de forma tan brusca así que solo le volvio a pasar un brazo por los hombros acariciandole el cuello mientras seguia hablando con la pelirroja.


Se extraño cuando vio ese gesto y estuvo a punto de decirle algo pero un gesto con su mano le hizo guardar silencio pero si de verdad pensaba que se iba a quedar callado estaba muy pero que muy equivocado. Se deshizo del brazo del mayor sentandose en la cama, en un primer momento el otro le miro extrañado pero pronto le resto importancia al verle desperezarse a su lado, sin embargo cuando el menor se sento sobre su regazo mirandole con el ceño fruncido y una sonrisa algo en su interior le dijo que esto no iba a acabar bien.


Nightwing hizo un ademán de apartar el teléfono de su oreja para decirle algo al moreno, pero el mordisco sobre su cuello le hizo agarrar el aparato con mas fuerza mientras se mordia los labios luchando porque ningun sonido escapase de su boca y pudiera alertar a la pelirroja.


-¿Dick?- oyó decir al otro lado- ¿Estas bien?


-Si… recuérdame que aleje mas la mesilla de la cama para que no pueda agredirme de nuevo.


Aun contra la piel ajena el menor sonrío, esta vez Grayson había conseguido salir del aprieto pero se aseguraría de que dentro de poco no pudiera ni decirle dos palabras seguidas a la chica. Sin alejarse de donde estaba sentado Damian empezó a repartir mordiscos fuertes a lo largo del cuello del mayor, conocía de sobra que ese era uno de sus puntos débiles e iba a aprovecharlo, pero por supuesto las acciones que estaba llevando a cabo en ese momento eran solo el preludio de algo mas grande.


Por otra parte si le hubieran perdió a Dick que dijera algo en ese momento no habría podido decidirse, estaba luchando por no desconcentrarse y seguirle la conversación a Bárbara pero hacerlo con ese chico sobre el repartiendo mordiscos a diestro y siniestro por todo su cuello era algo difícil. No podía creerse que esto estuviera pasando, pero por un momento su mente fue lo suficientemente clara como para descubrir que estaba pasando. Hacia varios días que había tenido una conversación seria con Damian, tenia muy claro que su situación era muy complicada, si alguien descubría lo que estaba pasando entre ellos no iba a acabar bien, sobre todo si Bruce lo descubría, pero no podía decir que eso fuera suficiente para dejar de lado al Wayne menor, había pasado tantas cosas con el que le era imposible cortarlo de raíz. Tras muchas noches en vela, sin poder concentrarse en las patrullas y cometiendo errores garrafales a cada cosa que hacia había tomado una decisión: Le era imposible dejar al chico, así que por el momento dejaría las cosas tal y como estaban. El problema venia cuando la primera Batgirl intervenía en el asunto, no es que Damian no la aguantara pero a pesar de las negaciones del mayor podía oler sus celos a kilómetros de distancia, y admitiría que eso se le hacia adorable, por lo que pensó que a eso se debía su comportamiento ahora mismo.


La solución mas fácil hubiese sido la obvia, colgar a Oráculo y encargarse del pequeño petirrojo pero la voz del menor en su oído diciendo “Ni te atrevas a dejar el teléfono” fue suficiente para descartar esa idea, Damian quería venganza e iba a conseguirla. El menor podía notar claramente como la respiración y los latidos del otro iban acelerándose por momentos, al mismo tiempo que cierta parte de su anatomía estaba despertando a gran velocidad. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios, eso iba a ser divertido, al menos para el. El hecho de que Grayson desconociera prácticamente lo que era un pijama le facilito bastante la tarea, sus dedos comenzaron a recorrer las partes de la piel expuesta que no cubría su boca dejando arañazos y marcas que habían que el mayor se sobresaltara y dijera alguna incoherencia de tanto en tanto.


Por mas que deseara prolongar ese juego hasta hacerle tener que gemir prácticamente contra el teléfono, Damian era consciente de que la conversación o duraría eternamente así que debería acelerar el proceso. Se bajo del regazo del mayor para volver a la cama y sin darle tiempo a nada retiro la sabana que les había estado cubriendo a ambos, no era extraño encontrar que bajo ella no había ninguna otra prenda que cubriera al primer Robin salvo unos boxer con un gran bulto en ellos. Cuando ambos pares de ojos azules entraron en contacto la sonrisa del pequeño asesino se ensancho mientras tiraba del elástico de los boxer dejando libre el miembro erecto del mayor.


Dick Grayson no se consideraba una persona vergonzosa, al menos no demasiado, pero la situación en la que se encontraba en ese momento era suficiente para hacer que la poca vergüenza que tenia aflorara de golpe, a pesar de continuar con los boxer puestos se sentía desnudo y la mirada del menor sumado a la voz de Bárbara que llegaba desde el otro lado de la línea le hacían sentirse expuesto, casi como si estuviera haciendo eso mismo en un sitio publico bajo la mirada de todo Gothan. Estaba obligado a seguir pensando en la conversación que mantenía con la chica, aunque en los últimos minutos mas bien parecía que no le estaba haciendo ni caso por eso se obligo a si mismo a sacar ahora otro tema de conversación, algo trivial con lo que pudiera lidiar sin apartar la mirada de los movimientos de Damian.


La situación cada vez se inclinaba mas a su favor, Grayson a penas podía pensar y varias de las frases que decía ya eran mas que entupidas y carecían de todo sentido por lo que ahora era el momento adecuado para poner en practica el resto del plan que tenia en mente. Volvió a ponerse frente al mayor pero esta vez no se subió encima, mas bien fijo su mirada en la del otro al mismo tiempo que bajaba con lentitud hasta quedar a la altura de su entrepierna, cuando se encontraba a pocos centímetros de Nightwing saco la lengua dando un primer lametazo en la punta de su miembro. Según su lengua rozo el miembro del otro la mano libre del mayor se agarro con fuerza a las sabanas mientras echaba de golpe la cabeza hacia tras moliéndose los labios, Damian no pudo evitar soltar una pequeña risa cuando del impulso se dio un cabezazo contra la pared que tenia detrás.


-Dick, ¿Seguro que estas bien?- pregunto esta vez un poco cabreada la pelirroja, estaba muy raro.


-Me he… levantado mas torpe que de costumbre… no te preocupes.


Por supuesto Babs no era estúpida y sabia que algo estaba pasando ahí pero por mas que intento decirle que le llamaría mas tarde el chico parecía no querer dejarla ir tan fácilmente, no podía ser tan grave lo que estaba haciendo…. ¿o si? Realmente prefería no pensar en ello e intentar llevar una conversación mas o menos decente. Para desgracia de la pelirroja esa no era la idea del moreno menor que ahora se entretenía enredando su lengua por la anatomía mas sensible del primer Robin, cualquiera que hubiera visto al chico diría que se estaba comiendo el helado mas delicioso del mundo, y por supuesto esta interpretación no paso desapercibida para Dick. No era la primera vez que ocurría algo como eso y siempre que ocurría se sentía hipnotizado por los movimientos de Damian, seguramente Talía le hubiera entrenado para hacer que sus propios movimientos confundieran a su adversario en cualquier situación y el chico era muy bueno adaptando sus habilidades a otras situaciones.


Mientras mas rápido se movía la lengua de Robin mas perdía la concentración el mayor, ahora las frases que le soltaba a la pelirroja ni siquiera tenían nada que ver con lo que estaban hablando. Sus manos seguían apretando con fuerza las sabanas poniendo en su agarre todo el empeño para no soltar ningún sonido que pudiera ser mal interpretado para la chica que se encontraba al otro lado de la línea, pero era difícil, muy difícil. Por otro lado Damian estaba mas que orgulloso de las reacciones que provocaba en el mayor, por supuesto que Oráculo tenia que sentirse totalmente ignorada pero esa era justo la gracia de esa situación, quería hacerle ver a la pelirroja que si Grayson estaba con el solo podía centrarse en él. Por desgracia llego un punto en el que la antigua Batgirl no soporto seguir siendo ignorada y dio por finalizada esa conversación, por supuesto para Dick esto fue un alivio sin embargo para Damian fue una decepción.


-¿Ya has colgado a tu novia? Que rápido habláis ¿no?- dijo con una sonrisa de lado lamiéndose los labios.


-Eres… un pequeño… monstruito…


El mayor se le quedo mirándole un momento antes de sonreír también y así no pasaron ni dos segundos hasta que se encontraban rodando entre las sabanas.  A pesar de que la rabieta de Damian había terminado en una situación bastante incomoda tenia que admitir que también había sido bastante excitante y realmente no se podía quejar mucho de ella… pero si podía vengarse, y tenia todo el día por delante para vengarse de el de la mejor forma posible.

FIN

sábado, 26 de enero de 2013

Mi enfermero (DickDamian)





La fuerza con la que se estaba mordiendo los labios era tanta que estaba seguro de que cuando levantase la cabeza de la almohada tendría que curarse el labio pero el dolor que estaba sintiendo ahora era demasiado fuerte. Apretó la cabeza con tanta fuerza en la mullida almohada que si hubiera permanecido así mucho mas tiempo habría acabado por asfixiarse. Respiro hondo recordando como había llegado a esa situación.


 La noche anterior la patrulla parecía ser tranquila, se encontraba observando a una pequeña banda que podría suponer un pequeño peligro para esa noche, no era nada serio así que se permitió despistarse durante un momento para mirar su móvil. Hacia tiempo que había cogido la manía de llevarlo con el, no es que le gustara estar pendiente de ese cacharrito cuando tenia tantos chismes que utilizar en la patrulla, sin embargo un descubrimiento encantador le hizo cambiar de opinión. Era consciente del hecho de que Damian como parte de estas nuevas generaciones siempre llevaba el móvil encima y por supuesto tenia una cuenta de esa red llamada Twitter, aunque hubiera sido muy fácil confundirse con todos esos niños y jóvenes fans de Batman y Robin había cosas que solo el sabia que le permitían diferenciar al pequeño Wayne entre un millón de imitadores. Este nuevo descubrimiento le había servido para mantener controlado al nuevo Robin y ahora agradecía mas que nunca tenerle controlado.


Por lo que estaba viendo ahora mismo el menor no se encontraba para nada de buen humor y estaba repartiendo golpes a diestro y siniestro entre todos los matones que estaba encontrando en su paso, a este ritmo seguro que no dejaba nada para que ninguno de ellos tuviera algo que hacen en esa noche. Sin embargo había convivido con Damian mucho tiempo y sabia que tener al hijo de Talía Ash’ Ghul cabreado era algo que no presagiaba nada bueno y supo que no estaba equivocado en ese pensamiento cuando varios de los miembros de la banda que estaba vigilando cayeron presa de los golpes de una mancha negra, amarilla, roja y verde.


Según iba bajando por el edificio en el que se encontraba observo atento la pelea, era increíble que el menor pudiera quitarse de encima a 10 tíos armados mientras seguía escribiendo en el móvil. Se detuvo un momento en el alfiz de la ventana para comprobar si los numerosos Tweets de Damian delataban la causa de su enfado, pero para su desgracia solo vaticinaba lo que les esperaba a esos hombre, por mas que supiera que no iba a acabar si se metía en medio del cabreo del menor su sentido del deber no le dejaba abandonar a esos pobres hombres en manos del pequeño demonio.


-Creo que han aprendido la lección Robin- dijo mientras detenía su brazo. Había conseguido evitar que su puño acabara incrustado en la cara del hombre por bien poco- dejémosle el resto a la policía.


-No te metas en esto Nightwing- el tono del menor era una advertencia y sus palabras habían sido tan frías que de haber sido cuchillos le hubieran atravesado. El hombre estaba aprovechando ese momento para escapar, pero el pequeño fue mas rápido que el, sujetándose al brazo de Dick consiguió girar sobre su eje y noquearle de una patada en la cabeza- ¿A qué se supone que has venido?


-Parece que alguien esta de mal humor- sonrío intentando quitarle tensión al ambiente, si jugaba bien sus cartas podría conseguir salir de esta sin muchos golpes, pero a quien quería engañar, era horrible jugando a las cartas- No creo que desquitarte con todos los criminales de Gothan sea la mejor manera de templar tus nervios, ¿Por qué no vamos a casa y hablamos de esto?


Para su desgracia Damian no tenia la misma idea en mente. Mientras el mayor le ofrecía una tregua Robin se preocupó de ponerse en una buena posición para propinarle una patada en el estomago que le dejo sin alientos un par de minutos, el tiempo justo para escuchar la advertencia del menor y ver su escape, ese chico necesitaba una correa. Se puso en pie empezando a perseguirle, no podía dejarle solo, a saber la que liaba. Sus palabras resonaban aun en su cabeza, “Apártate de mi camino si no quieres salir mal parado Grayson”, últimamente había cogido mucha mas confianza con el pero en los momentos donde estaba muy serio seguía llamándole por su apellido.


No podía calcular exactamente cuanto tiempo llevaba corriendo, tenia suerte de que todos los dispositivos que usaran llevaran un rastreador para saber quien se encontraba mas cerca de su posición si necesitaban ayuda, eso fue justo lo que le permitió seguirle. Era consciente de que si Damian había salido de esa manera solo podía significar dos cosas: Su padre estaba de viaje por causa de la empresa, cosa que ellos sabrían si Batman hubiera abandonado la ciudad, o se habría ido a espaldas suyas y ahora Bruce estaría como loco buscándole y conociendo al chico seguramente la segunda opción fuese la mas acertada. Sabia de sobra que lo que estaba apunto de hacer acabaría por buscarle un buen problema pero por una vez estaba mas que seguro de que ese problema de diez años superaría a Batman en todos los aspectos.


Cuando por fin consiguió dar con Robin este se encontraba acorralando a uno de los criminales mas buscados de Gothan, a pesar de lo cabreado que estaba tenia que reconocerle sus meritos al pequeño. Por segunda vez en esa noche consiguió detener a Damian antes de que provocara daños mas graves de los que ya tenia ese tío, sin embargo esta vez la respuesta no fue tan “suave” como había sido la anterior, seguramente una nueva patada en el estomago seria desear demasiada misericordia. La lluvia de golpes que se precipito sobre el no tardo en llegar.


-¡Te dije que no te metieras en esto!


-No pienses que voy a dejarte ir por ahí desquitándote con el primero que encuentres- los golpes del menor eran muy precisos y o siempre era fácil esquivarlos, tenia que hacer todo lo posible por hacerle entrar en razón antes de que pasara algo grave, o peor, antes de que Bruce los encontrara a los dos- Vamos Damian, lo que sea que te este molestando seguro que podemos hablarlo.


Robin parecía hacer oídos sordos de sus palabras pero los golpes que le propiciaba hablaban por el, no sabia exactamente que era lo que había pasado, aun así esperaba poder ayudarle. Tras un buen rato intercambiando golpes empezaba a notar como le estaba afectando, el chico era muy bueno, en ese estado de furia con el que le atacaba no podía aspirar a defenderse de todos los golpes y algunos eran realmente fuertes. El ultimo golpe le había obligado a retroceder un par de pasos, las heridas de los días anteriores se estaban resintiendo con esa batalla y las nuevas que le estaba provocando el menor ardían sobre su piel, las palabras que salían de su boca parecían no llegarle y el no tenia aguante para estar así toda la noche.


No podía recordar cuanto tiempo estuvieron peleando, a su mente solo podía venir el dolor de las heridas la mañana siguiente cuando despertó tras unas pocas horas de sueño. No había podido moverse con libertad en todo el día y la mayor parte tubo que pasársela en la cama, dudaba que esa noche pudiera salir de patrulla, por suerte había recibido una llamada de Bruce diciéndole que no necesitaba que estuvieran todos en la calle esa noche pero algo le dijo que ese golpe de suerte tenia que ver con un pequeño petirrojo, pero no iba a desaprovechar esa oportunidad así que se paso el resto del día durmiendo y esperaba hacerlo también gran parte de la noche.


El sonido del timbre le había despertado pero decidió ignorarlo, fuera quien fuera podía volver mas tarde, se dio la vuelta para seguir durmiendo pero el sonido del móvil impidió esa placentera tarea, con un gruñido de disconformidad cogió el teléfono para mirar el mensaje que había en el: “Se que estas en casa, abre la puerta de una maldita vez Grayson”. Era bastante evidente que es mensaje solo podía ser de una persona y se pregunto porque no había entrado por la ventana como solía hacer. A regañadientes se levanto yendo hacia la puerta, era consciente de que si tardaba mucho empeoraría la situación así que se dio toda la prisa que pudo, cuando abrió la puerta comprendió por que el menor no había entrado por la ventana. Damian se encontraba frente a el mirando hacia otro lado con una mochila a la espalda y vestido de calle, no era una visita por trabajo.


Después de ese encuentro había tenido una sorpresa tras otra, pero aunque le hubiera hecho ilusión la visita del chico tenia que admitir que la situación en la que se encontraba ahora no era de sus favoritas. Volvió a morder la almohada para contener los gemidos que pugnaban por salir de su boca.


-Eres un quejica- aseguraba la voz del menor mientras terminaba de vendarle el brazo, tenia que reconocer que se había equivocado y después de estar pensando todo el día en el estado de ese idiota que había sido lo suficientemente estúpido como para meterse en su camino mientras estaba enfadado decidió que lo mejor que podía hacer era eso, después de todo le había costado bastante aceptarlo pero sabia que Dick era importante para el, por supuesto eso no quería decir que se lo fuera a decir a el- tampoco es para tanto.


-Como se nota que tu no eres quien tiene las heridas - trato de restarle importancia sonriendo pero dolía demasiado- tus golpes son realmente efectivos.


-Te avise y no quisiste hacerme caso, ahora te jodes.


Bueno al final todas esas heridas iban a servir para algo. Después del dolor inicial se sentía mas aliviado y aunque había comprobado de sobra como Damian no valía para ser enfermero tenia que admitir que le había hecho muchísima ilusión que fuera a por el. Tras la sesión de tortura a la que había sido sometido se sintió con fuerzas para preparar una cena medianamente decente para ambos pero para su sorpresa de la mochila de donde el menor había sacado un botiquín también saco varios recipientes de comida diciendo que se los mandaba Alfred, podía notar de lejos como mentía y eso solo se le hizo mas adorable, Se inclino dándole un beso en la frente y sonriendo al verle sonrojarse.


-Iré a calentarlo, vuelvo enseguida.


No tardo ni diez minutos en tener la deliciosa comida de Alfred caliente y servida en platos, cuando volvió al salón se encontró al chico con el móvil, sabia que ahí estaría depositando miles de insultos contra su persona pero no le importaba, esa noche prometía muchísimo. Las heridas habían tenido una buena recompensa, si iban a ser así todas sus reconciliaciones tendría que dejarse pegar por Damian mas a menudo.

FIN

viernes, 25 de enero de 2013

Espera (DickDamian)



Espera

Por primera vez en su vida Damian tenia tantas ganas de llorar que a penas podía contener las lagrimas. Deseaba dejar salir su frustración y enfado en esas endemoniadas gotas saladas que ya habrían empapado los ojos de cualquiera, pero aunque tuviera ganas de llorar no lo haría, no ahí.

A su lado se encontraban sentados su padre y Drake, arrugo el entrecejo viendo como el brazo del mayor pasaba sobre el del antiguo Robin, esa escena provoco que la opresión que estaba anclada en su pecho se hiciera mas grande y al mismo tiempo transformo las ganas de llorar en ganas de golpear a Drake hasta desquitarse por completo, después de todo esa situación había sido su culpa, Red Robin era quien debía estar en esa estúpida mesa de quirófano con Alfred intentando por todos los medios posibles que no muriera, pero no había sido así.

Apretó los puños mirando hacia otro lado, estúpido Grayson, debería haber dejado que esa aberración de la naturaleza que era el Joker matase a Drake en vez de ponerse en medio.  Maldijo una y mil veces el complejo de salvador que tenía, no era superman y eso tenia que admitirlo, ¡mierda! Ni siquiera tenia tanto aguante como su padre, pero aun así se esforzaba al máximo ignorando que tenia debilidades, que en cualquier momento podría estar muerto. Tras este hilo de pensamientos Damian sintió como su mente empezaba a darse cuenta de algo, había sido obvio desde el principio pero ahora lo tenia mas que claro: se había vuelto débil. Normalmente no debería haberle importado si moría o no, después de todo deberían ser sacrificables y prescindibles siempre y cuando  eso le ayudara a conseguir sus propósitos o los de su padre. Sin embargo ahora estaba allí, esperando a que ese idiota diese algún síntoma de que estaba bien. La frustración era demasiada, se mordió el labio intentando desquitarse un poco y hasta que sintió el sabor metálico de la sangre no se dio por satisfecho, mas le valía salir vivo.

La realidad le arrastro de golpe cuando vio a Tim levantarse y correr hacia la puerta, habían tenido que trasladar a Nightwing y dejarle a cargo de la doctora Leslie dada la incapacidad de la batcueva para atender sus heridas. Cuando la camilla en la que llevaban a Dick asomo por la puerta pudo verle cubierto de vendajes, las heridas parecían ser mas profundas de lo que habían pensado en un primer momento. Mientras los otros dos se acercaban a la camilla el se quedo al margen, no quería acercarse mientras estuvieran ahí, pudo oír los regaños de su padre por su falta de cuidado y su estúpida temeridad, sin embargo parecía que no escuchaba ninguno de sus regaños, solo sonreía mientras acariciaba la mejilla de Red Robin.

Tras un par de minutos le vio levantar la cabeza como si estuviera buscando algo, cuando su mirada se detuvo sobre el su sonrisa se hizo mas amplia y levanto una mano con lentitud haciéndole un gesto para que se acercara, por su parte Damian no pudo mas que apretar los puños y avanzar lentamente, cada paso que daba era como si le alejara mas de la camilla en vez de acercarle. Cerro los puños con fuerza pero en cuanto estuvo a su lado las manos de Dick le hicieron bajar hasta su altura mientras le susurraba algo al oído.

-Tienes la nariz roja, si quieres llorar puedes hacerlo, nadie va a decirte nada.

Durante un par de segundos Damian abrió su boca con incredulidad pero después los apretó con fuerza, podía sentir la mirada de su padre en la nuca y lo peor es que también sentía la sonrisa de Drake, podría haber escogido cualquier otro momento para decirle eso pero nunca le perdonaría que le hiciera pasar esa vergüenza delante de su padre y por supuesto mucho menos de Drake.

-Muérete.

Se separo de la camilla alejándose hacia el otro lado de la habitación, dijera lo que dijera nunca admitiría delante de ellos dos que estaba preocupado y mucho menos a darle una respuesta mas acorde a la situación. Pero había una cosa que tenia mas que clara, si Dick volvía a darle un susto parecido seria el mismo quien acabara por matarle.

Fin